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Consejos para dejar de fumar Imprimir E-Mail
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Escrito por Administrator   
miércoles, 08 de julio de 2009

Prácticamente todos los fumadores han pensado en algún momento en dejarlo. Saben que deberían dejarlo. Son conscientes de los problemas de salud que comporta fumar y desean dejar atrás tan nociva costumbre. Pero a la hora de afrontar este paso, que en medicina denominamos deshabituación, se encuentran con un muro muchas veces infranqueable. 

   No son pocas las personas que únicamente consiguen dejar de fumar al verse ante una situación que amenaza su vida. En la consulta tenemos personas que han lanzado el paquete de cigarrillos a la basura tras verse en una camilla de hospital, con el diagnóstico de infarto o de embolia cerebral. El miedo, en muchas ocasiones, es nuestro mejor aliado, pese a que todos los libros de psicología dicen que puede ser contraproducente. Pero, en el caso referido… ¡Bienvenido sea!


De todas formas, existen múltiples mecanismos comercializados con la intención de dejar de fumar. Unos tienen estudios contrastados y otros no. Como médicos, hemos de poner a cada uno de ellos en su lugar, pese a admitir que no tenemos armas para desmontar la validez de aquellos productos no respaldados por la ciencia.


En este artículo vamos a hablar de alguno de ellos, así como de algún mecanismo de dudosa eficacia llevado a cabo por las personas que desean dejar de fumar.

· Parches y chicles de nicotina: Al hablar de estos productos hemos de explicar que es la nicotina la principal causante de la adicción que genera el tabaco. Por lo tanto, estamos dando la misma sustancia que nos tiene enganchados, pero sin los efectos secundarios de las miles de sustancias cancerígenas que tienen, además, los cigarrillos. Como en cualquier terapia de deshabituación, la nicotina ha de ser administrada siguiendo una pauta determinada, dándola en cantidades determinadas durante unos días concretos, para ir disminuyendo unas y otros progresivamente hasta retirarlas. Conviene, por tanto, acudir a nuestro médico de Atención Primaria si éste es el mecanismo elegido.


· Fármacos. De reciente comercialización, tenemos otro fármaco relacionado con la cantidad de nicotina que tenemos en el cuerpo durante el día. Cuando fumamos entra una cantidad determinada de nicotina que pasa a la sangre, dando unos niveles determinados. Con el paso de los minutos/horas, esta nicotina va disminuyendo. Al llegar a unos niveles determinados el cuerpo siente que escasea, y envía una señal al cerebro para que vuelva a fumar. El medicamento del que hablamos consigue mantener los niveles de nicotina en sangre estables, evitando estos altibajos que subyacen en el deseo de fumar. Podemos, por tanto, controlar la dependencia física, pero parece menos eficaz en la dependencia psíquica (cuando fumamos por fumar, por el hábito de llevarnos algo a la boca).


· Placebos. Chupar regaliz o un cigarrillo de plástico de mentol, u otra sustancia similar. Teniendo en cuenta la explicación dada en el apartado anterior, tendrían poca eficacia dado que, si no aportan nicotina, el cuerpo la echará en falta y generará un síndrome de abstinencia que nos llevará a intentar consumir de nuevo tabaco. Para aquellas personas no dependientes a la nicotina (deben ser las menos) y que hayan generado una dependencia psicológica (llevarse algo a la boca en determinados momentos) puede ser eficaz. Pero los fumadores, aquellos que llevan años con el hábito, no encontrarán mejoría sintomática con este mecanismo
 
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