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martes, 29 de enero de 2008
Azua de Compostela: Republica Dominicana

Los españoles han fundado la ciudad en 1504. El 19 de marzo es una fecha histórica en Azua porque en esa fecha llego allá la independencia y han dado su nombre a edificios y parques.

 

Su nombre entero es la capital de la provincia Azua. La ciudad tiene 72.000 habitantes, la provincia 200.000. Es una provincia de la República Dominicana, en el sur del país.

Limita al norte con las de San Juan y de La Vega, al sur con el mar Caribe, al este con las de La Vega, San José de Ocoa y Peravia, y al oeste con las de San Juan, Bahoruco y Barahona.

 

Está formada por una llanura litoral que acaba en bahía, bahía de Ocoa, en forma de herradura cercada por relieves montañosos pertenecientes a la cordillera Central, donde se alzan picos como el Monte El Muñeco, 1711 m., Monte Culo de Maco, 2189 m., Loma Alto de Santa Rosa, 1734 m., Loma Atanasio, 1591 m., Firme de Pajón Blanco, 2240 m., Loma Sabana Abajo, 1509 m., y Loma Piquito, 1770 m. de alto. La Sierra Martín García es la frontera natural entre Azua y Barahona, que empieza en la punta que lleva el mismo nombre. Aquí se alzan picos como El Busú, Loma del Curro y Loma Fría, que alcanzan los 980, 1343 y 1285 m, respectivamente.
Hay dos parques nacionales,
José del Carmen Ramírez y Sierra Martín García. Otra zona protegida es Valle Nuevo.
La provincia tiene un puerto sobre el Caribe y su superficie es 2.430 km2, forestal en el norte y agrícola en el sur gracias al  regadío.

La Guerra Domínico-Haitiana:
Primera Campaña

La Batalla de Azua (Batalla del 19 de marzo de 1844)

El 19 de marzo de 1844, se libra la primera gran acción de guerra entre tropas dominicanas al mando del General Pedro Santana y el grueso de las fuerzas expedicionarias haitianas encabezadas por el Presidente Charles Hérard ainé, la cual tiene lugar a la entrada de la población de Azua, por el camino de San Juan, en donde formó Santana su línea de batalla defendida por dos piezas de artillería: una a cargo de Francisco Soñé, y la otra a cargo del Teniente José del Carmen García. Estas cañones se ubicaron en el centro de la villa, frente al camino de San Juan.

Las tropas dominicanas estaban distribuídas de la siguiente manera:

  1. En el Camino del Barro (noroeste del pueblo), la fuerza de la fusilería azuana comandada por el capitán Vicente Noble;

  2. En el Fuerte Resolí, en un pequeño cerro al norte y en la orilla derecha del Río Vía, 200 hombres al mando de Nicolás Mañón (Nota: no confundir este fuerte con el localizado en Najayo Arriba, San Cristóbal);

  3. En centro de la villa, frente al camino de San Juan, se encontraban dos cañones, uno manejado por

  4.  y otro por José del Carmen García;

  5. En Los Conucos y camino a Las Clavellinas (suroeste del pueblo), se encontraba una fuerza de artillería comandada por Matías de Vargas, José Leger y Federico Martínez.

Batalla de Azua
 

El combate se generalizó desde las siete y media de la mañana y, luego que los dominicanos rechazaron varios ataques dirigidos a abrir brechas por los flancos, la lucha se entabló, con todo vigor, en toda la línea al oeste del pueblo.

El historiador José Gabriel García relata que aunque los expedicionarios haitianos pelearon “con denuedo y sus jefes dieron pruebas ostensibles de pericia e intrepidez, la defensa fue superior al ataque, pues los encargados de ella aunaron sus esfuerzos…”

Continúa García: “…los invasores se vieron al fin obligados a retroceder y batirse en retirada, primero los que venía por el camino de San Juan, aterrorizados por los efectos del cañón; después los que venían por Los Conucos, envueltos en la derrota de éstos; y en última los que marchaban por El Barro, que fueron los que más resistieron, dejando el campo en que maniobraron sembrado de cadáveres y despojos militares…”

Derrotados por todas partes, los haitianos “se retiraron, por último, a un lugar en que el camino forma un codo y se encontraron así al abrigo del fuego de los dominicanos. Los haitianos podían ser 5,000 en el momento del ataque. Los dominicanos reunidos en Azua y en un pequeño fuerte que domina el pueblo, a orillas del Vía, presentaban un efectivo de 1,500 hombres de los cuales sólo 800 tomaron parte en la acción que duró tres horas. Los haitianos se retiraron dejando en el campo de batalla una gran cantidad de muertos entre los cuales se cuentan dos generales, tres coroneles y un gran número de oficiales de todos los grados”. (Carta del Cónsul St.-Denys al Ministro de Asuntos Extranjeros de Francia, del 25 de marzo de 1844).

Por la noche, Santana organizó sus tropas y abandonó Azua junto con sus pobladores, retirándose hacia Sabana Buey. En el camino dejó dispuestas sus tropas colocándolas en diferentes puntos estratégicos, especialmente en el paso del desfiladero de El Número, en donde el General Antonio Duvergé quedó a cargo de la defensa. (Esta retirada de Santana, luego de haber ganado la Batalla de Azua, ha sido uno de los puntos más controversiales de nuestra historia republicana.)

Al otro día, cuando los haitianos se preparaban para atacar, se dieon cuenta de que Azua estaba desierta y entonces procedieron a ocuparla el día 20 de marzo de 1844, según el historiador haitiano Thomas Madiou, al señalar: “Todos los habitantes la habían evacuado: los haitianos no vieron sino dos mujeres, de las cuales una era loca y la otra de edad muy avanzada, y algunos animales. El 21 llegó el General Souffrant a la cabeza de su columna, que tenía tres días de retardo a causa de las emboscadas que se había visto obligado a combatir, casi diariamente, desde su salida de Neiba”.

El 31 de marzo, el Almirante francés de Moges, a bordo de la Fragata “La Neréide”, se sitúa en la Bahía de Ocoa y desde allí le dirige una comunicación al Presidente de Haití, Charles Hérard, en su cuartel general de Azua, para incitarlo a la conciliación con los dominicanos y para reiterarle la propuesta que le hizo el 8 de marzo el Cónsul Levasseur, para que aceptara la mediación de Francia en la terminación del diferendo sin derramamiento de sangre y sin odios.

Al día siguiente, 1ro. de abril, de Moges desembarca y se traslada a Azua, en donde sostiene una entrevista con el Presidente Hérard, en su cuartel general, en relación con la cual al día siguiente escribe un reporte al Cónsul Saint-Dennys, en el cual expresa estas informaciones: Hérard cree que el movimiento dominicano no es la obra del pueblo, sino de la clase superior, que quiere tener participación exclusiva en los asuntos y los empleos; Hérard explica que sólo hará la guerra contra esos rebeldes, por tanto no quiere apresurarse a fin de dar al pueblo la oportunidad de reflexionar y de retornar a la autoridad haitiana; dice, también, que los españoles (nombre con que designaba a los dominicanos) pudieron haber planteado sus aspiraciones independentistas cuando se revisaba la Constitución en 1843, pero que ahora esto era intempestivo; y, por último, afirma que viene como pacificador, y no como un triunfador, por lo que no comprende la necesidad de una mediación extranjera, ya que esto sólo estaría en orden si los ejércitos dominicanos fueran numerosos y la lucha por Santo Domingo fuera muy sangrienta.

El 10 de abril de 1844, Hérard lanza desde Azua una nueva Proclama por virtud de la cual anuncia que en breves días Santo Domingo “verá sus muros abiertos ante sus columnas victoriosas”, a la vez que formula el juramento de “no deponer las armas sino después de haber sometido a la obediencia a los rebeldes de la parte oriental de la República y de haber impuesto silencio a la voz envenenada de la discordia”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 
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