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Ulises Francisco Espaillat Quiñones Imprimir E-Mail
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jueves, 03 de abril de 2008

Nació en Santiago de los Caballeros el 9 de febrero de 1823. Murió en la misma ciudad el 25 de abril de 1878.

Fueron sus padres Pedro Espaillat y Petronila Quiñones, de quienes recibió una esmerada educación. Estudió música, inglés, francés, matemáticas y agrimensura. Se destacó como periodista doctrinario, polí­tico, civilista, Presidente de la República.

Forma parte de la generación de ilustres civilistas y patriotas santiaguenses que hicieron posible la revolución democrática de 1857 contra el descalabro institucional y económico del gobierno de Buenaventura Báez y la guerra de la Restauración de 1863. Su trayectoria política y su conducta cívica lo levaron a la presidencia de la República en 1876, cargo que debió declinar el 5 de octubre del mismo año, debido al estado de anarquí­a reinante, tal como sucedió con Francisco Gregorio Billini en 1885.

Espaillat lega al poder con las mejores credenciales de patriotismo y honorabilidad. Tuvo una destacada participación en los sucesos que culminaron con la Constituyente de Moca de 1858, de la que fue uno de sus redactores, junto a Bonó, Benigno Filomeno de Rojas y otros distinguidos muní­cipes de Santiago que en esa ocasión se sublevaron, compelidos por el descalabro del régimen de Buenaventura Báez.

El 7 de diciembre de 1857 fue designado diputado por Santiago en la Constituyente de Moca. Fue de los primeros en adherirse en 1863 al movimiento restaurador. El 14 de septiembre de ese año firma en Santiago el Acta de Independencia y el gobierno Provisional lo nombra Ministro de Relaciones Exteriores.

El 11 de marzo de 1864, en consideración a los servicios prestados a la República, se le otorga el grado de General de Brigada, al tiempo que se le concedió la Presidencia Provisional del Gobierno de la República en armas. Al morir Mela en 1864, Espaillat lo sustituyó en la Vicepresidencia. Le tocó recibir a Juan Pablo Duarte cuando éste arribó al paí­s para ponerse a disposición del gobierno restaurador. Permaneció en el cargo hasta el 25 de enero de 1865, fecha en la que el general Gaspar Polanco fue derrotado por el también general Pedro A. Pimentel.

Al asumir la Presidencia de la República en 1866, el general José Marí­a Cabral nombró a Espaillat Ministro de Justicia, pero él no aceptó la designación. Tres años después, su nombre junto al de Gregorio Luperón, fue propuesto para la presidencia y vicepresidencia de la República. Como la mayorí­a de los políticos liberales de la época, formó parte del Partido Azul, contrarios a los rojos que acaudillaba Buenaventura Báez.

La historiadora Mu-Kien Adriana Sang en su obra Una utopía inconclusa. Espaillat y el liberalismo dominicano del siglo XIX, se refiere a su biografiado en los siguientes términos:

"Espaillat fue un severo crítico de la realidad heredada, pero era ante todo, un gran soñador de una sociedad mejor. Así  no es de extrañar que su íntimo amigo Gregorio Luperón dijera, refiriéndose a la obra escrita de Espaillat, que ella debía ser el catecismo político del pueblo dominicano". Espaillat creía en la moral y en la unidad de la familia como base de la sociedad, pensamiento que lo resumía con estas palabras: "La familia es el principio, el fundamento, la base de la sociedad".

Escribió su patriótico ensayo "La fusión", "La situación y los partidos", texto que, junto al estudio "Hábeas Corpus", de Francisco Gregorio Billini, y "Apuntes sobre los cuatro ministerios", de Pedro Bonó, deberí­an ser de lectura obligada para la formación moral y cí­vica de los ciudadanos del país.

Luego de haberle servido a su patria chica, Santiago, desde diversas funciones públicas, Espaillat fue proclamado por la cámara Legislativa, con mayorí­a absoluta de votos, como Presidente de la República el 15 de abril de 1876, luego de que Gregorio Luperón, líder del Partido Azul, lo propusiera públicamente.

Su mensaje al Congreso, leído el 29 de abril de 1876, de un tono visiblemente pesimista, dejó abierta la posibilidad de su renuncia si no lograba de los "representantes del pueblo su valiosísima cooperación", al tiempo que anunciaba con toda franqueza el estado de anarquía del ejército.

El derrocamiento de Espaillat fue una tragedia nacional. Su sucesor, general Ignacio María González, duró apenas dos meses en la presidencia, para darle paso a la quinta y última administración de Buenaventura Báez.

Nuestro país no estaba preparado para recibir el mensaje de redención moral y cívica que propugnaba un hombre de la estatura de Ulises Francisco Espaillat. El estaba en la línea de Sarmiento y de Eugenio María de Hostos, quien lega a decir de él que era "el hombre más digno de ejercer el poder que ha tenido la República. El encarnó la lucha entre la civilización y la barbarie."

Siempre activo al servicio de los mejores intereses de la Patria, después de su salida del poder fue requerido para ponerlo al frente de algunas iniciativas de servicio civil coincidentes con su visión de desarrollo y fortalecimiento democrático.

Muere dos años después de salir del poder, y su deceso fue una pérdida irreparable para la sociedad dominicana.

Con un ponderado ensayo introductorio de la Lic. Mu-Kien Adriana Sang, la Fundación Corripio, Inc. incluye en el volumen XXXI de la Biblioteca de Clásicos Dominicanos, una selección de los escritos de Espaillat con el seudónimo "María".

 
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